2017-12-15
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Celebrando a Terpsícore.

Por: Tatiana Zugazagoitia.

Llega abril y Terpsícore sacude la cabeza, se suelta el pelo, remueve los hombros, las caderas y los tobillos, todo en preparación del festejo en su nombre el día 29, Día Internacional de la Danza.

Tomemos este día para celebrar al cuerpo en todas sus manifestaciones danzadas. Aun las más tímidas, inconscientes o escondidas; la danza en los niños que juegan a “las traes”, la de las mujeres lavando la ropa en el río, la de los oficinistas en sus teclados y papeleos, la de los transeúntes en un cruce agitado, la de la caricia sutil de los amantes; en fin, la danza cotidiana del cuerpo habitado.

Como ente danzarín celebro mi cuerpo que me ha regalado el placer de bailar durante tantos años. Celebro todas las enseñanzas que me ha ofrecido; la capacidad de escucha y de respuesta, la tenacidad para recuperarse de lesiones y la maleabilidad de transformación para seguir en movimiento.

Cada vez que una lesión ha puesto en duda mi continuidad como bailarina, mi cuerpo ha sabido dejar atrás ciertas cosas, modificar otras, adaptarse al presente y continuar su camino, mi camino, nuestro camino danzante.

Como el mío, cada cuerpo trae su propia historia y hoy celebro a todos aquellos que encuentran en la danza, cualquier forma de danza, el goce y placer por la vida. Particularmente, celebro a mis colegas que han decidido dedicar su vida a la danza. Los que lo hacemos sabemos que más que una decisión es un llamado. Es algo que no podemos evitar aun con todos los obstáculos y carencias que representa.

Muchos intentan abandonarla justamente por todas las dificultades. Terpsícore lo resiente, pero es necia y perseverante. Suele encontrar la manera de seguir manifestándose en cada uno de nosotros, seres danzantes.

Los invito a que tomémonos hoy un tiempo para concientizar que nuestro cuerpo tiene una capacidad expresiva constante y que goza con cada movimiento que le permite manifestar todo eso que lleva internamente, así se dé en aparente inmovilidad.

Tomémonos hoy un tiempo para celebrar particularmente a todos aquellos que han decidido hacer de su danza su modo de vida. Rindámosles tributo yendo a verlos bailar. Démonos la oportunidad de descubrir lo que esos cuerpos en movimiento nos provocan, permitiendo que sea nuestro propio cuerpo el que escuche y responda a lo que ve.

¡Celebremos a la Terpsícore que llevamos dentro yendo a ver danza!

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