2017-12-15
AdminRed
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No hay un payaso en la Casa Blanca.

 

Un nuevo actor, que en realidad no es tan nuevo, ha hecho su entrada en el escenario mundial por la puerta principal a la residencia de la Casa Blanca y sus primeros pasos marcan claramente lo que podría ser su coreografía para lo que resta de sus, por lo menos, cuatro años de administración.

En México, país cuyos gobernantes insisten en convertirlo en colonia del Imperio de las barras y las estrellas, la danza del presidente número 45 de los Estados Unidos se suma a la ya de por sí lastimosa puesta en escena de teatro de revista que nuestra clase política protagoniza y al largo performance nacional que ha bañado de sangre los pueblos y ciudades que se ubican entre los ríos Bravo y Suchiate.

Lo mismo en sesudos análisis que en charlas de café, la constante es una permanente falta de respeto que se hace de manifiesto al llamarle “payaso” al nieto del proxeneta Friedrich Drumpf e hijo del miembro del Ku Klux Klan, Fred Trump. ¿Acaso no es un insulto para quienes con disciplina, gracia y rigor se dedican al arte clown que se les asocie con un personaje de tan baja estofa, como Donald J. Trump?

Para quienes nos dedicamos a las artes y a la cultura, algunos considerándonos incluso trabajadoras y trabajadores de la escena, este panorama no sólo nos convoca a reivindicar nuestros quehaceres sobre las tablas (haya o no tablas) y deslindarnos de una clase política cada vez más carroñera, cínica y estulta a la cual se le prodigan como adjetivos los sustantivos que nosotras y nosotros somos.

El reto será, sobre todo, imaginar nuevas formas que visibilicen lo invisible y hacer que sea inaceptable la podredumbre que como sociedades hemos normalizado y permitido. No podremos hacerlo solas, solos; pertenecemos a un delicado tejido social de nodos, lazos y vacíos que poco a poco se ha ido enfermando de desprecio y egoísmo, de canibalismo moral y, por ende, culturalmente aceptado, cuyas máximas son “sálvese-quien-pueda” y “que-cada-quien-se-rasque-con-sus-propias-uñas”.

No se trata, pues, de pensar solamente en estrategias económicas o del orden de leyes migratorias que en el ámbito de lo global seguramente serán fundamentales. Se trata, también, de pensar en lo micro y, al menos para nosotras y nosotros, de hacer de la escena el lugar desde donde fortalecernos; nunca con discursos nacionalistas, sí como colectivos y comunidades, eso que no hemos sabido ser las más de las veces.

AdminRed

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